Antes que nadie dijera nada levanté la sábana.

Antes que nadie dijera nada levanté la sábana, miré mi pierna prácticamente destrozada, ahí
fue cuando me volví a desmayar. Recobré la conciencia en poco tiempo y cuando desperté
ahí estaba la enfermera

–Me amputarán la pierna ¿Verdad? –pregunté lamentosamente
–No lo creo, afortunadamente volverás a caminar muy pronto, tu hueso no se rompió y no
se dislocó… totalmente. Te dispararon más de cuatro veces en una pierna, la herida tardará
en cerrar y es posible que no vuelva a ser lo mismo de antes

– ¿A qué se refiere?

–Caminarás coja toda tu vida –se adelantó a responder Amanda

–No, no. Solamente quedará un poquito “deforme” –dijo la enfermera corrigiendo a Amanda

Quedé pensativa mirando al techo, la enfermera se retiró, sólo quedamos Amanda y yo
– ¿Quién era el muchacho que estaba aquí?

–Oh, Alan. Te ha traído hasta aquí, es agradable ¿Verdad?

–Sí, me pareció

Mi amiga y yo nos quedamos charlando amenamente, al menos me hacía sentir mejor oír
sus tonterías y reír como un par de locas.
Tres meses después…

Por fin me puse de pie otra vez, Amanda me ayudó a levantarme de la silla, di un par de
pasos y me sentí libre otra vez, en ese momento llegaba el Teniente, me miró satisfecho
– ¿Entonces ya puedo volver a desempeñar mis funciones de cadete? –Pregunté
–Me temo que no, ya nunca más

Ahí comprendí que me habían despedido, el viejo me llamó a su oficina para hacerme firmar
un documento y hablar sobre la pensión y otras cosas.

Aquella misma tarde empaqué mis cosas, tomé un par de uniformes, mi cuaderno de
apuntes, y mis objetos personales, los guardé en la misma valija que los traje cuando llegué

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